Lucha estudiantil y conciencia adolescente
El movimiento estudiantil entró a fines del mes del mayo en una nueva etapa por la lucha de sus reclamos, con conflictos que se desencadenaron en decenas de colegios. La educación en general se encuentra en un estado de tensión, que parece constantemente al borde del quiebre. Una ley que perpetúa el deterioro del sistema educativo, cada vez más privatizado, descentralizado, obsoleto (cuando es lo último que debería serlo). Salarios ínfimos y represión, pero aún si eso el estudiante secundario no lo siente aún lo suficientemente cercano: falta de becas, falta de viandas (y los adolescentes necesitando ambas), del boleto estudiantil a $0.05, de calefacción, de un mínimo mantenimiento edilicio. Elecciones a dedo, problemas con la “seguridad” privada, estudiantes de colegios artísticos repentinamente despojados de su título. Ante todo este abandono, el estudiantado ha respondido, ha respondido tomando sus colegios, con sentadas, con marchas, buscando sobre todo organizarse y hacerse oír.
Son, naturalmente, complejos y múltiples los factores a tener en cuenta, pero queremos concentrarnos por el momento en uno: ¿ha logrado el movimiento estudiantil secundario trascender con esto su propia esfera? ¿Cómo ve el resto de la sociedad al adolescente? ¿Con qué cara nos mira el resto de la sociedad cuando tenemos algo para decir?
No son casualidad los comentarios que se dejan caer acerca del estudiante secundario, y no es causalidad el lugar que ocupa. El estudiante secundario, podemos ver, no carece de reclamos. Reclamos puntuales, puede ser, pero sólo como primer análisis, en el cual no nos podemos quedar. Las distintas circunstancias que afectan al estudiante secundario en su día a día, desde las circunstancias por las cuales creemos vale la pena marchar y tomar colegios hasta las que pasamos por alto, por mero hábito, no dejan de hablar de una situación de otro nivel, de la situación del adolescente, del lugar en que está ubicado por la sociedad.
El adolescente es visto como una entidad viviente inútil (en realidad útil como consumidor), propensa a perder su individualidad en los rebaños de la moda, al cual no cabe darle el derecho a dar una opinión, si tiene tanto todavía por aprender, por qué vamos a escucharlo antes de que se forme (si lo logra, porque estos chicos de hoy). Y, de remate, “todos pasamos por esa etapa”. Este discurso es pronunciado en tantas palabras distintas, en tantas circunstancias, con tantos tonos... el peor (el más efectivo): el que sale del lugar de la supuesta comprensión. El doble discurso de que es por el bien del adolescente sacarle responsabilidades, para que no las pueda arruinar. Que es por el bien del adolescente alejarlo de toda posible utilidad que pudiera éste asumir, ya que no podría manejar tanto, terminaría desbordado, y, de nuevo, arruinando todo. Ser adolescente es sinónimo de posibilidades, dicen, toda la vida por delante, pero sólo dicen, porque la vida por delante es como el horizonte al que nunca se llega de verdad, y de las posibilidades de las que tanto escuchamos cada vez nos dejan menos… pero es por esto que hay que ir a tomarlas. Esta idea del adolescente y este lugar que toma hoy no son más que otra construcción ideológico-social y eso es lo primero que hay que entender, toda idea determinista y resignada la primera que hay que dejar de lado. Todo es construcción humana, pero las de esta índole son además en contra del humano, en tanto que son funcionales a la perpetuación de un sistema que le impide una realización plena, que transforma, mediante herramientas sumergidas de este estilo, colegios secundarios en hornos que sacan año tras año hordas de ciudadanos desilusionados de antemano, cuya primera frustración enfrentan cara a cara todas las mañanas, en el espejo.
Si nos ven en ese lugar, es porque los mismos que se lamentan después al respecto perpetúan el habernos ubicado ahí. Y si nos vemos en ese lugar es que no hacemos nada para sacarnos: porque podemos. El adolescente es capaz de una infinitud más de cosas de las que la sociedad le dice que es capaz, y no lo comprueba, por que no ve que tiene la posibilidad de hacerlo. No se da cuenta de todas las puertas que tiene alrededor, camufladas por el sistema. Una de esas puertas es la capacidad de desarticular estos mecanismos nocivos, es la conciencia expectante, de la que el adolescente se tiene que apropiar: no tenemos que pedir más permiso para abrir una puerta que nos pertenece. Para que los estudiantes podamos tomar la oportunidad de cambiar nuestro lugar, tenemos antes que plantearnos un proceso interior primordial: el de la conciencia. Tomar conciencia y aprehender la complejidad de las razones que entramadas construyen nuestra realidad, la de estudiantes secundarios, la de argentinos y la de personas, ciudadanos del mundo que es uno más que nunca, y uno sobre todo en sus injusticias; pero apropiarnos de esta conciencia sólo para entonces trascenderla, justificándola. Construir sobre ella, juntarnos por ella: es decir, llevarla así, finalmente, y porque es posible, al plano de lo real.
Mostremos que realmente nos importa la educación, y no por intereses electorales, no por comodidades económicas, que nos importa porque queremos cambiar esta sociedad. El primer paso es la conciencia, el siguiente es materializarla: si no puede ser que se caguen en los alumnos, en los docentes, en los padres, en el futuro y sea necesario que tomemos los colegios para que haya gas, para que sea digno el establecimiento en donde estudiamos, si no puede ser que en la ciudad de Buenos Aires se haya acabado el presupuesto para educación en el mes de Junio, a menos que nos organizamos en la acción nada de esto va cambiar. Si no vemos el problema político detrás de los problemas puntuales, y a éste contestamos con nuestra propia política surgida de esta conciencia, todo va seguir exactamente igual.
Los centros de estudiantes tienen que canalizar estos reclamos, tienen que representar una discusión que se tiene que dar en las aulas. Si hoy ya tenemos gas, mañana se nos caerá el techo, no tenemos que reclamar sólo para que tapen los agujeros de una pared sino luchar para que la educación sea una prioridad, luchar por la construcción de una sociedad más justa, porque en definitiva es eso lo que estamos pidiendo cuando pedimos más presupuesto, la anulación de
Y debe existir una coordinación de todos esos centros de estudiantes, un espacio único en el que se reúna la totalidad de ese verdadero movimiento constituido en la conciencia y en la acción, por que sólo de esa forma los estudiantes lograremos romper con los opresivos topes que nos impusieron, sólo de esa forma lograremos ser escuchados, reconocidos, incluidos, en todos los sentidos del término.
No podemos bajo ninguna circunstancia perder de vista la necesidad de conciencia, de acción, de coordinación: que si vemos la realidad, la sentimos y sufrimos día a día, si la entendemos, si actuamos y nos organizamos, entonces, podemos, y entonces debemos cambiarla.
AGRUPACIÓN ESTUDIANTIL EQUIS
"unirse desde abajo, organizarse combatiendo"
agrupacion_equis@hotmail.com

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